Por Rogelio Ríos Herrán
Perdida entre las noticias sobre la crisis en Crimea y los
titulares que anuncian un inminente zarpazo ruso para “adherirse” esa región de
Ucrania (ya se habla de que tropas rusas tomaron una planta de gas al interior
de Crimea) y debajo de las inquietantes noticias de represión gubernamental recrudecida
que nos llegan desde Venezuela, la noticia de que el Presidente Obama evalúa
una disminución de las deportaciones de inmigrantes indocumentados parece como
esa luz que se divisa al final del túnel.
Nada más en el año fiscal 2013, las deportaciones de indocumentados
superaron los 368 mil casos. Durante los seis años de Barack Obama en la Casa
Blanca, considerando su primer periodo presidencial, en poco tiempo la cifra de
indocumentados deportados llegará a los dos millones de personas, según el New
York Times (ver abajo la nota referida).
Cuando las posibilidades de que se concrete una reforma
migratoria –cualquier tipo de reforma- este año en las cámaras legislativas de
Estados Unidos están muy disminuidas, un cambio en las incesantes deportaciones
de indocumentados puede llevar por lo menos alivio a las personas y familias
que han sufrido el impacto más duro de ellas: la separación entre padres,
hijos, hermanos, etcétera.
El New York Times cubrió la nota con un lenguaje precavido y
mencionando las críticas de activistas hispanos que perciben como “insuficiente”
y “tardía” la reacción de la Casa Blanca, y tomando en consideración que el
clima político actual en Washington DC no es favorable a los temas migratorios.
En ella, citan al Presidente Obama diciendo que tenía una “preocupación
profunda sobre el dolor que muchas familias sienten por la separación que se
deriva de nuestro sistema migratorio roto”.
El Presidente Obama ya ordenó al titular del Departamento de
Seguridad Interna, Jeh C. Johnson, que se encargue del proceso de evaluación.
Pero aun con las reservas del caso y las críticas duras de
activistas, no deja esa medida anunciada por el Presidente Obama de avivar la
esperanza de que la situación de los indocumentados mejore de alguna manera,
precisamente, en el terreno de su vida cotidiana.
Algunos medios estadounidenses y latinos han publicado
testimonios de personas que narran qué tan terrible resulta que sean capturados
en una operación sorpresa de las autoridades migratorias en sus lugares de
trabajo, y no puedan ni siquiera regresar a sus casas a ver en qué situación quedan
sus hijos ni despedirse de ellos.
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| Una hija de inmigrantes participa en la campaña contra las deportaciones. FUENTE: www.telesurtv.net |
La grave falta de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno que
esas capturas representan, aun cuando los agentes actúan en el marco de la ley,
y el hecho vergonzoso de la separación de padres e hijos, son rasgos de la aplicación
de la ley en un sentido impropio que no deben ser tolerados en una sociedad
como la estadounidense que se precia de moderna y democrática.
Si a partir de las declaraciones del Presidente Obama se
implementa un cambio inmediato en las políticas de deportación, disminuyendo su
número a través de consideraciones hechas caso por caso, será un efecto
benéfico para muchas personas que llevan su vida cotidiana en Estados Unidos,
una vida de esfuerzo y trabajo honestos, en medio de la incertidumbre de saber
si regresarán o no a sus casas en la noche –en caso de ser capturados y
deportados- y si volverán a ver a sus hijos para hacerse cargo de ellos.
Falta ver, por supuesto, que lo anunciado por la Casa Blanca
respecto a la disminución de las deportaciones se ponga en práctica y logre
traspasar el pesado muro de la confrontación bipartidista en Washington, según
la cual, uno y otro bando –demócratas y republicanos- se dedican no a perseguir
y defender el bien común de los estadounidenses, sino el beneficio propio y el
tropiezo del contrincante, a cualquier precio y pagando cualquier costo por
elevado que sea.
Pero el paso está dado. Sigamos, desde México, la implementación
de esa medida, pues sus consecuencias deberán ser benéficas para muchos
mexicanos que viven sus vidas honestas en una situación de indocumentados que
los lastima y los separa de sus familias, además de la zozobra constante de la
deportación fulminante.
Puede ser, y queda abierta la posibilidad, que si el camino de
la reforma migratoria integral se cierra sin remedio este año, por otra parte,
sin embargo, sea la ruta de las medidas específicas –como la anunciada por el
Presidente Obama- y enfocadas a remediar situaciones terribles como las
separaciones de padres e hijos en familias de indocumentados, las que al final
rescaten para los migrantes, en ausencia de la reforma integral, por lo menos
una serie de medidas que alivien su situación actual.
Por una u otra vía, la que sea, pero es necesario transformar el
statu quo actual cuyas nocivas consecuencias en las vidas de las personas son
inaceptables.
@rogeliux
@RogelioRios


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